Muchas veces después de la comida o la cena preferimos prescindir del postre por no añadir más calorías a la dieta. Sin embargo nosotros te contamos una dulce y ligera manera de terminar tus comidas mientras te hidratas y refrescas a través de las infusiones frías.
El té es la infusión por excelencia y además un producto muy de moda, especialmente el té verde, cuyas propiedades han sido ampliamente estudiadas. El té verde contiene antioxidantes , ayuda a reducir el colesterol LDL ("malo") y a aumentar el HDL ("bueno"), es suavemente diurético, broncodilatador y astringente, protege contra la arterioesclerosis, disminuye el riesgo cardiovascular y reduce la formación anormal de coágulos sanguíneos. Ayuda a la disminución de la grasa corporal, por lo que es muy recomendable para el tratamiento de la diabetes y obesidad, y por sus propiedades bacterianas es adecuado para eliminar el mal aliento y proteger la boca contra las infecciones, de ahí que resulte ideal como postre.
Para disfrutar de todas sus propiedades es necesario prepararlo correctamente. Los expertos aconsejan preparar la infusión de té verde con media cucharada de postre rasa por cada 170 mililitros de agua.
Lo recomendable es no verter el agua hirviendo sobre las hojas, sino hacerlo cuando el agua se encuentra a unos 85 grados (aproximadamente cinco minutos después de que ha dejado de hervir), deja el té verde en infusión durante dos-tres minutos, y cuélalo. Si lo vas a tomar frío, lo mejor es dejarlo enfriar a temperatura ambiente y después meterlo en la nevera, porque si le añades hielo adulteras el sabor y estropeas la infusión.
Además de té, puedes también preparar deliciosas infusiones de manzanilla, poleo, menta o rooibos. Esta última es precisamente una de las infusiones más reconocida actualmente por su sabor dulzón y sus incontables propiedades.
Destaca especialmente por su aporte multimineral lo que la convierte en una hierba ideal para los deportistas que quieren reponer las sales eliminadas durante el ejercicio